sábado, 20 de agosto de 2011

El lenguaje de los sueños.


En una época como la actual que sobrevalora el conocimiento y la razón, resulta difícil acoger otras voces, sin embargo, existen infinitos lenguajes para comunicarnos lo que pasa en nuestro interior, y desatenderlos implica el peligro de vivir incompletas y sin una conexión verdadera. Pues más allá de poder racionalizar lo que nos sucede en la vida y explicarlo todo desde lo mental, no podemos prescindir de las demás señales, todas igualmente válidas, que nos informan sobre el estado de nuestro ser.


La vida fluye, vibra, se siente, y todo aquello que no hacemos consciente, se va acumulando en la profundidad y se manifiesta a modo de inquietud, desasosiego e incluso enfermedad. El subconsciente se expresa a través de los sueños e intuiciones, sutiles visiones que aparecen turbando nuestra idea de lo "real", pues si bien, no se trata de hechos tangibles son igualmente potentes y llenos de sentido. Al soñar, por ejemplo, tenemos la impresión de haber subvertido el tiempo y el espacio, las reglas cambian y todo se siente de otra forma, no hacen falta las palabras pues la experiencia en sí misma nos comunica algo. 

Las visiones que tenemos al dormir siempre son significativas, y en algunos casos llegan a ser verdaderas revelaciones que vienen a mostrarnos lo que hay por debajo de la aparente calma. Otras veces nos ayudan a completar los cuadros que faltan de nuestra memoria, son recuerdos  guardados los que parecen, deseos, miedos, todo aquello que no hemos asumido conscientemente y que busca ser integrado.  

A través de imágenes, sensaciones, intuiciones vamos construyendo nuestra verdad, una verdad íntima, muy ligada con nuestra historia, con las emociones que nos provocaron determinados eventos y no con el cuento que nos hemos contado. Es tiempo de volver a escuchar a esa parte nuestra que sabe, a honrar su sabiduría profunda y su simpleza en la expresión, por que de lo contrario estamos amputando una parte fundamental de lo que somos.

Muchas personas sienten miedo de su propia intensidad y le restan validez a lo que sienten, pues desearían no tener que ver más allá de lo que logran enfocar. Sin embargo, es preferible escuchar esas voces y dialogar con ellas, antes que se conviertan en fantasmas; la idea es integrar las emociones, las sensaciones,  la intuición y todo aquello que subyace al pensamiento y que muchas veces ni siquiera se puede explicar con palabras, pues responde a otros códigos.

Silenciar la mente y dejar que el corazón hable, el cuerpo hable, sentir nuestra energía vital fluyendo, sentir- nos, es parte del proceso de recuperación de este lenguaje femenino, sutil y fundamental para estar completas. Nutrir nuestro imaginario, trabajar con nuestras imágenes y símbolos de poder, con los colores y las formas, con los sentidos también nos ayuda en la tarea de ir recuperando el espacio subconsciente. 

Yo creo que soltar el control racional, que finalmente no controla nada sino que oprime y limita nuestras posibilidades de construirnos de forma íntegra y coherente, es el primer paso antes de entregarnos a la intuición, a la visión, a los sueños. Dejar interpretar lo que nos ocurre  y simplemente sentirlo, que se exprese y nos muestre lo que nos sirve ver. 

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